viernes, 15 de mayo de 2015

Construyendo Familias Fuertes: Familias Saludables



Criterios para definir la salud de una familia


Los propósitos de Dios para las familias es la plenitud de vida que Cristo ofrece: «Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Juan10:10).

1. Las familias saludables viven y transmiten valores espirituales.
Las familias competentes, exitosas o saludables revelaron que la dimensión de la fe era un elemento importante en su vida. Se observó que «no todos en estas familias son personas demasiado religiosas, pero la mayoría de ellas parece tener una creencia en un orden superior al humano y en valores trascendentes que hacen que para ellas sea importante luchar y mejorar». Según investigaciones se encontró que el sistema de valores constituye «el corazón y el alma» de la capacidad de las familias para salir adelante en medio de circunstancias adversas, carencias y crisis.
Según investigaciones se encontró que las familias que funcionan bien reconocen que el éxito depende de muchas variables, algunas de ellas que están más allá de su control. Sin embargo, comparten la convicción de que tener metas y propósitos puede hacer alguna diferencia en sus vidas
y en las vidas de otros. Aunque aceptan las deficiencias humanas, al mismo
tiempo creen que nadie es capaz de todo, pero tampoco nadie es completamente inútil. En contraste, las familias disfuncionales minimizan las fortalezas, exageran la seriedad de los errores y esperan consecuencias catastróficas.
El amor en la familia va más allá de los sentimientos y de las manifestaciones emotivas. En realidad implica voluntad, disciplina, autocontrol, disposición a perdonar y paciencia para manejar los múltiples desafíos diarios de la convivencia humana. Además, el amor debe ser incondicional y constante, debe ser un reflejo de la manera en que Dios nos ama.
 
2. Las familias saludables mantienen estructuras consistentes y flexibles.
 Las familias deben estructurar su vida y sus relaciones para llevar a cabo tareas esenciales que ayudarán a su desarrollo conjunto y el bienestar de sus miembros. Las familias necesitan saber quién está a cargo, cuáles son las reglas y los límites, quién provee, educa y disciplina a los hijos, quién cuida de los desvalidos, los ancianos y los enfermos, y muchas otras cosas parecidas.
Estos elementos, definidos como parte de la estructura de toda familia como sistema vivo, son de valor especial en momentos de transición, vulnerabilidad y crisis.
En la estructura de una familia saludable también está presente la noción de pertenencia a una red de parientes, a un grupo étnico particular, a una herencia cultural específica, a una comunidad de fe. Las concepciones saludables del ser parecen estar vinculadas a la salud de estas relaciones.
Las conexiones de parientes, comunidad y círculos de apoyo, incluyendo la familia de la fe, son una especie de redes salvadoras en los momentos de tensión, adversidad y crisis.

3. En las familias saludables la comunicación es clara y directa.
Una buena comunicación es vital para el óptimo funcionamiento familiar. Pero, ¿en qué consiste una buena comunicación?
Su percepción puede variar de acuerdo a la cultura, la edad, la intensidad del momento y otros factores. La comunicación no es sólo un intercambio de información, sino también de significados, de valoración y de maniobras de conexión. La comunicación en el seno del hogar siempre
entreteje elementos de contenido (información, opiniones, sentimientos) y de relación (valoración, control, validación). Los expertos señalan como claves para una comunicación saludable: la claridad,
la expresión abierta de los sentimientos y la colaboración en la resolución de problemas.
A esto debe añadirse que en las familias saludables el afecto se expresa con libertad y regularidad. Así pues, en las familias saludables la comunicación es clara, específica y directa.
Las personas en estas familias dicen lo que quieren decir y quieren decir lo que dicen. Hay consistencia y congruencia; es decir, no es ambigua ni contradictoria. Por el contrario, cuando la comunicación es vaga, ambigua y confusa, lleva a malos entendidos, rencillas y problemas.
En una familia que se comunica saludablemente, sus miembros se reconocen mutuamente cuando hablan y escuchan. Para ello han tenido que desarrollar una serie de destrezas relacionadas con el respeto y el cuidado por los sentimientos del otro, con la capacidad de hablar por uno mismo y no por los demás, con la capacidad de abrirse y asumir responsabilidad por los propios sentimientos y acciones, y algunas otras.La capacidad de resolver problemas en conjunto es una característica esencial de las familias saludables.
Es decir, si en la convivencia de la familia hay amor incondicional expresado y vivenciado, que se combina con la disposición a conversar sobre las pequeñas cosas diarias de la vida, esto produce que la capacidad de resolver problemas se acreciente. Por el contrario, cuando el amor no se expresa y cuando persisten problemas no resueltos entre los miembros de la familia, la ira, la frustración y el desánimo pueden bloquear la capacidad de la familia para resolver los problemas diarios y empeorar con los que surgen debido a las crisis.
Aunque la expresión de afecto no se puede medir ni pesar en forma objetiva, es algo muy presente en las familias saludables que comunican (dan y reciben) afecto con libertad y regularidad.
 El afecto suele expresarse tanto en palabras como en hechos, y ambas formas de expresión son necesarias y deben ser coherentes; es decir, no contradecirse sino reforzarse mutuamente. Nunca será
demasiado decir a un hijo o a un cónyuge que se le ama, y demostrárselo con caricias y detalles. En las familias saludables se da afecto en forma incondicional, sólo por el hecho de ser parte de la familia. Eso no quiere decir que no se ejerza la disciplina cuando alguien comete una falta, sino que intencionalmente se preserva el ser de las personas y la disciplina se enfoca a las conductas. En las familias donde fluye el afecto en forma regular se puede notar energía, espontaneidad, alegría y optimismo.

4. En las familias saludables hay un clima propicio para el crecimiento.
Se ha observado que  las familias que mejor funcionan son las que en ellas se crea una atmósfera en la que las personas se gustan unas a otras y se divierten juntas. Por el contrario, las familias disfuncionales mostraron menos espontaneidad y menos energía; y un tono de depresión o desesperanza parecía invadir sus interacciones y limitar el desarrollo de su carácter. Es admirable como termina el relato de Lucas 2:41-52  que describe el incidente
en el que Jesús, de doce años, se pierde en Jerusalén en la fiesta de la Pascua y sus padres lo encuentran después de tres días. En medio de la tensión y la angustia, el v. 52 dice que «Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres». Ésta, por cierto, es una familia saludable, que no carece de tensiones o problemas como cualquier otra familia plenamente humana, sino porque en medio de un susto mayúsculo provee el ambiente para que el niño Jesús siga creciendo en los cuatro aspectos que hoy propone la psicología contemporánea (físico, mental, social y espiritual).
En las familias saludables, el buen humor se hace presente. «La seriedad con la que las familias enfrentan sus problemas puede ser la mayor causa de sus dificultades», afirma Edwin H. Friedman, rabino, terapeuta familiar y asesor de la Casa Blanca en asuntos de familia. La seriedad presenta
una paradoja, nos dice: si los miembros de una familia no toman en serio sus responsabilidades, la familia puede volverse inestable y caótica. Al mismo tiempo, «la seriedad puede resultar también destructiva.
La seriedad es más que una actitud: es una orientación total, una forma de pensar arraigada en la ansiedad constante y crónica. Se caracteriza por la falta de flexibilidad.
El antídoto para la seriedad es el humor o la jocosidad, como lo llama
Friedman, que no se debe confundir con hacer chistes. Tiene que ver más bien con la capacidad de los miembros de una familia de mantener distancias flexibles, de distinguir los procesos de los contenidos y de no asumir innecesaria responsabilidad emocional por otros. El buen humor permite que una familia rompa el círculo vicioso de la retroalimentación que origina y mantiene a los problemas crónicos. 
En las familias saludables se vive el perdón. Este es otro de los aspectos que las disciplinas humanas en general ––no sólo la psicoterapia––tardaron mucho tiempo en reconocer como un componente importante de la salud.
Perdón no es lo mismo que reconciliación. Es posible perdonar sin reconciliarse: es decir, sin volver a juntarse en amor y amistad. Pero no es posible reconciliarse en verdad sin antes perdonar. Perdón es
el proceso que capacita a quien perdona de continuar su vida sin que siga afectada por el dolor de la herida, del engaño o de la deslealtad. El perdón requiere un «salto de fe», un acto de voluntad para arriesgarse a ser herido otra vez. El verdadero perdón no se confunde con el sentimentalismo o la simpatía a expensas de la justicia y de la dignidad. Uno puede perdonar y al mismo tiempo limitar, y aun terminar una relación.
El perdón puede requerir restitución de parte del que ha obrado mal. Sin embargo, el perdón no es un intercambio de favores. Quien perdona ofrece el perdón como un regalo. Quien es perdonado no asume ninguna obligación ante quien lo perdona como una condición para el perdón. 
Añadiendo algo muy importante a todo lo anterior, y que pareciese que ocupa el ultimo lugar pero en realidad es el punto de mayor importancia, es la oración en conjunto. Una familia saludable es la que cada miembro intercede uno por el otro a través de la oración, demostrando así el amor que tenemos por los demás, de manera que intercediendo por ellos es una forma de cuidar de ellos.

Tomado del Material del Colegio Biblico Apostólico Internacional (CBAI)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Construyendo familias fuertes: Hijos, honrando a nuestros padres




Honra a tu padre y a tu madre, 
para que tus días se alarguen en la tierra 
que Jehová tu Dios te da.
Éxodo 20:12

Hoy consideraremos las instrucciones que Dios da a los hijos para que las familias funcionen como El quiere. Tal instrucción está dada en el primer mandamiento con promesa, el cual  rige las relaciones interpersonales. El mensaje de este mandamiento es muy sencillo:
I. Dios nos llama a Honrar a Nuestros Padres .Cuando llegamos al Nuevo Testamento descubrimos que, con este mandamiento, nada ha cambiado. El deseo de Dios para la relación de padres e hijos sigue siendo el mismo. En Efesios 6:1-3, el apóstol Pablo cita este mandamiento. Leamos lo que él dice: 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.
6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Dios llama a los hijos a honrar a sus padres por dos razones. En primer lugar, debemos honrar a nuestros padres porque es lo justo. Esta palabra significa lo que concuerda con la voluntad de Dios, lo que se debe de hacer. Significa lo que es correcto para el ser humano. La sociedad funciona mejor cuando los hijos son obedientes a sus padres. Aquel niño que se rebela contra sus padres, como adulto tendrá problemas con otras autoridades también - con sus maestros, con su patrón, con la policía.
Obedecer y honrar a nuestros padres es caminar en integridad.  Por este motivo, nos conviene. Es una fuente de bendición. Esta es la segunda razón que nos menciona Pablo. Citando el mandamiento original, él dice: Para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.
Cuando Pablo cita este verso, él lo extiende a toda persona que forma parte del Nuevo Pacto establecido en Cristo, a toda persona que sigue a Cristo por fe y la bendición aun se extiende  hasta nuestros días. Si honramos y obedecemos a nuestros padres, seremos bendecidos.
Ahora bien, quizás debemos de comentar la diferencia entre honrar y obedecer. ¿Existe alguna diferencia entre estas palabras? Bueno, honrar es un concepto más amplio que obedecer. Cuando somos niños, suelen ser casi lo mismo. Honramos a nuestros padres cuando les obedecemos, sin ser insolentes. Con la edad, sin embargo, honrar a nuestros padres llega a ser algo diferente. Salimos de la casa, formamos nuestra propia familia y tenemos vida propia. Ya no existe la misma responsabilidad de obedecer, como si aún fuéramos niños. Sin embargo, nunca se acaba la responsabilidad de honrar.
Honramos a nuestros padres  mostrándoles respeto, amor y supliendo sus necesidades cuando ellos fueren mayores. Nunca debemos de pensar que nuestros padres en edad madura son un estorbo para nosotros,  más bien Dios nos ha llamado a cuidar de ellos. Honrar a nuestros padres de cualquier edad es una fuente de bendición.
II. Dios nos llama a honrar a nuestros padres, aunque sean imperfectos. De hecho, si únicamente tuviéramos que honrar a los padres perfectos, nadie tendría esta responsabilidad. Todo padre humano es imperfecto. Todo padre y toda madre tienen defectos.  De hecho, cuando Dios dio este mandamiento, ya había muchos padres imperfectos descritos en el registro bíblico. Abraham, por ejemplo, echó fuera del hogar a su hijo Ismael. Cometió primero el error de engendrarlo con la sierva de su esposa. Luego, cuando su esposa dio a luz a Isaac y ya no era necesario tener a Ismael como heredero, Abraham obedeció la voz celosa de su esposa y corrió de la casa a Ismael y su madre, Agar. Otro ejemplo de padres imperfectos son Isaac y su esposa Sara. Isaac tenía preferencias por su hijo Esaú, mientras que Sara por Jacobo.
Quizás el mejor ejemplo es Noé. La Biblia nos dice que fue el único hombre justo que pudo hallar Dios sobre la tierra, y por este motivo fue salvado del diluvio con su familia. Sin embargo, después del diluvio, Noé no tardó en caer en error. Sembró un viñedo, cosechó las uvas e hizo vino. Se embriagó, y se quedó desnudo en su carpa. Uno de sus hijos, llamado Cam, vio la desnudez  de su padre y se burló de él.  Sus dos hermanos, en cambio, lo taparon sin mirarlo. Cuando Noé se dio cuenta de lo sucedido, pronunció una maldición sobre Cam y sobre su descendencia. Génesis 9:20-25
¿Qué nos enseña este triste suceso? Nos enseña que, aunque nuestros padres sean imperfectos y cometan errores, esto no nos libra de nuestra responsabilidad de honrarles. Esto no siempre es fácil. Quizás tuviste un padre como Noé, que se emborrachó - quizás en más de una ocasión - y trajo deshonra o sufrimiento a la familia.
La solución humana sería abandonarlo, dejarlo y olvidarte de él.  Sería tomar su falla como pretexto para deshonrarlo. Cristo, en cambio, nos ha llamado a una senda angosta. Es un camino más difícil, pero es el camino a la vida y la bendición. Es el camino del perdón, el camino de la oración, el camino de pedir bendición para quienes nos han lastimado.
III. Dios nos llama a honrar a nuestros padres, porque así le honramos a él. Dios ha puesto en este mundo estructuras de autoridad para que la sociedad humana funcione de una forma ordenada. La Biblia nos dice, por ejemplo, que las autoridades civiles han sido instituidas por Dios. La primera autoridad que conocemos es la autoridad de nuestros padres.
Es en el hogar que aprendemos - o en algunos casos, no aprendemos - a seguir instrucciones, a obedecer, a hacer lo que a veces no queremos. Si nosotros no aprendemos a obedecer a nuestros padres, el espíritu de rebeldía se extenderá por toda la sociedad. Esto es lo que vemos hoy en día. Cuando nos sometemos a las autoridades, en cambio, empezando con nuestros padres, vivimos de una forma totalmente distinta. En lugar de contribuir a la rebelión del mundo, nosotros mostramos un camino diferente. Esto es parte de ser sal y luz.
 Sigamos el modelo de Jesús como el Hijo perfecto, pues se sometió a la voluntad del Padre. ¿Recuerdas lo que dijo en el jardín de Getsemaní? Padre, si es posible, que esta copa pase de mí; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esa escena se ve la sumisión del Hijo perfecto y la honra que da a su Padre. 

.Conclusión 
Cuenta la historia de un anciano que vivía con su hijo y su nuera. El hombre no siempre podía comer bien. Se le caía la comida, ensuciaba el mantel y hacía desastre. Por fin su nuera dijo: Esto no puede ser. Este hombre está interfiriendo con mi derecho de ser feliz. De ese día en adelante, el hombre comió en un rincón de la cocina, con un plato de cerámica barata. De vez en cuando lanzaba miradas tristes hacia la mesa donde comía la familia.
Un día, al viejito se le cayó el plato de cerámica. Su nuera dijo, Si eres cochino, tendrás que comer de un plato de cochino. El hijo le talló un plato de madera, y de allí comía el viejito. Resulta que, en esta familia, había un niño de unos cuatro años. Un día, el padre notó que su hijo estaba jugando con unos pedazos de madera. ¿Qué estás haciendo, hijo? - le preguntó. El hijo respondió: Estoy haciendo unos platos de madera para cuando tú y mamá sean grandes.
Desde ese día en adelante el anciano volvió a comer con su familia. Que no sea necesario para nosotros tal lección. Honra a tu padre y a tu madre, nos dice la Escritura. Aunque nos cueste, aunque el mundo se burle, mostremos a nuestros padres el honor que se merecen.

Construyendo familias fuertes: Padres Ejemplares


Imagen Tomada de la clase Construyendo familias fuertes del material del CBAI


Efesios 6:4: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y Amonestación del Señor». Colosenses 3:21: «Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten». 
Uno de los deberes fundamentales del matrimonio, Padre y Madre, es la enseñanza de sus hijos, como nos habla la lectura bíblica para este mensaje.
Amonestar significa instruir, enseñar, sobre todo cuando es necesario tocar algún aspecto que no está funcionando bien. Es aquí donde los padres necesitan poner un equilibrio a ese amor natural que todo lo consiente, que todo lo aprueba. Los padres piensan así: ‘Mi hijo es el mejor; mi hija es la más bella’. ¿Se han fijado cuando un niño está haciendo desorden en las reuniones? Los hermanos que están a su alrededor se incomodan, pero la única persona que no percibe que su hijo está dando problemas, es la mamá. La tendencia natural de los padres es a obviar los defectos, las desobediencias de sus hijos, porque el amor es muy fuerte, y ese amor a veces es bastante consentidor. El Señor ordena a los padres que equilibremos ese amor, que seamos sensatos en ese amor, agregándole un elemento necesario, como la disciplina y la amonestación.
A continuación estudiaremos algunos principios que deben aplicar los padres para formar el carácter de sus hijos:
1. Santifíquense a sí mismos. Proverbios 20:7 La primera cosa que los padres deben hacer es santificarse a sí mismos por amor a los hijos. En la familia usted no puede tener dos patrones. Algunas veces, porque los padres son adultos, pueden hacer muchas cosas; son libres para hacer esas cosas. Pero ellos tienen otro patrón para sus hijos y éstos no entienden. Si usted no se santifica por amor a ellos, nunca será capaz de enseñarles o disciplinarlos. Mire a nuestro Señor Jesús. En Juan 17 se dice que nuestro Señor Jesús se santificó a sí mismo por amor a nosotros. Antes de tener hijos, probablemente había cosas que usted podía hacer libremente, pero después de tener hijos, usted debe pensar en ellos. Si dice una cierta cosa, si va a algún lugar, ¿cómo eso afectará a sus hijos? Usted dice a sus hijos que no digan esto, que no hagan aquello, que no vayan a aquel lugar, pero usted lo hace. Ese es un patrón doble. Usted pierde el respeto de sus hijos. Ellos no lo van a respetar más. Van a pensar que usted es un hipócrita.
2. Viva delante de Dios. En segundo lugar, al criar a los hijos, tanto el padre como la madre deben vivir delante de Dios. No hay cómo ayudar a los hijos si los padres mismos no viven en la presencia de Dios. Si los padres temen a Dios, los hijos temerán. Si los padres aman a Dios, los hijos lo amarán. Los Padres tienen que proveer la atmósfera correcta. Deben ser ejemplo para ellos.
3. Sean de un mismo sentir y pensar. En tercer lugar, los padres deben ponerse de acuerdo al  disciplinar sus hijos. Los hijos son muy inteligentes. ¡Cómo ellos consiguen lanzar al padre contra la madre, y a la madre contra el padre! Los hijos saben que el padre dirá «no» a ciertas cosas, entonces ellos acuden a la madre. En otras cosas, ellos saben que la madre dirá «no», entonces acuden al padre. Frecuentemente lanzan al padre contra la madre y causan cierto tipo de conflicto. Esa es una astucia natural. Por lo tanto, al enseñar y disciplinar a los hijos, los padres tienen que tener una sola opinión. Si los hijos fueren a la madre, ella debería decir: “¿Qué dijo tu padre?”. Y lo mismo debe suceder con el padre. De otra forma no serán capaces de criar sus hijos como deben.
4. Enseñe y disciplínelos en todas las áreas de la vida. En cuarto lugar, los hijos deben ser enseñados y disciplinados en todas las áreas de sus vidas. Los padres no deben sólo darles dinero, suplir las necesidades materiales, alimento, ropas, y lo demás. Ciertamente eso es importante, pero no tanto como criar a los hijos en cuanto a sus buenas maneras, forma de vida, hábitos, trabajo, carácter y relaciones. Todo esto precisa ser enseñado.
5. Valores y Patrones morales. Proverbios 10:1¿Qué cosas son realmente valiosas? Debe dárseles algún tipo de patrón de valores. Si los hijos aprenden los valores cuando todavía son pequeños, ellos estarán protegidos contra muchos errores. ¿Qué son las cosas valiosas? ¿Cuáles son los valores en la vida? Estas son las cosas que deben ser enseñadas a los hijos mientras ellos todavía son pequeños. De igual forma, los patrones morales deben ser enseñados a los hijos. Debe haber ciertos patrones que precisan ser mantenidos, y los hijos deben ser enseñados cuando todavía son pequeños. Los hijos deben ser enseñados en el uso del dinero. Ayúdelos a aprender cómo utilizar el dinero y cómo dar.
6. Diligencia.  Los hijos deben ser enseñados a cómo trabajar. Muchos hijos en la actualidad no saben cómo trabajar. Son servidos todo el tiempo. Ellos precisan ser enseñados a ser diligentes. Los hijos precisan tener el carácter formado. Todas esas cosas precisan ser enseñadas, e igualmente disciplinadas de tal forma que, cuando los hijos crezcan, ellos crezcan para la madurez. Esa es la responsabilidad de los padres.
7. Mantenga sus promesas.  Al tratar con los hijos, su palabra debe ser precisa, sus promesas deben ser mantenidas. Frecuentemente, los padres prometen alguna cosa a los hijos y después se olvidan. Eso hiere mucho a los hijos. Lo que fuere dicho debe ser preciso y ser cumplido.
8. Lleve sus hijos al Señor. Proverbios 22:6. Los padres tienen la responsabilidad de llevar sus hijos al Señor. Eso es lo más importante. Muchos padres fallan en esa responsabilidad. Ellos no llevan sus hijos al Señor, y permiten que sus hijos se vayan al mundo. Entonces, alguna otra persona, o la iglesia, tiene que salir a buscarlos. Pero en realidad, es responsabilidad de los padres criar a sus hijos y llevarlos al Señor. Si así ocurre, ellos quedarán en la iglesia y serán útiles.

Conclusión: Estos son algunos pocos aspectos prácticos. Hay muchas, muchas otras cosas. ¡Oh, cuán necesario es que los padres críen a sus hijos en la enseñanza y disciplina del Señor!