miércoles, 13 de mayo de 2015

Construyendo familias fuertes: Hijos, honrando a nuestros padres




Honra a tu padre y a tu madre, 
para que tus días se alarguen en la tierra 
que Jehová tu Dios te da.
Éxodo 20:12

Hoy consideraremos las instrucciones que Dios da a los hijos para que las familias funcionen como El quiere. Tal instrucción está dada en el primer mandamiento con promesa, el cual  rige las relaciones interpersonales. El mensaje de este mandamiento es muy sencillo:
I. Dios nos llama a Honrar a Nuestros Padres .Cuando llegamos al Nuevo Testamento descubrimos que, con este mandamiento, nada ha cambiado. El deseo de Dios para la relación de padres e hijos sigue siendo el mismo. En Efesios 6:1-3, el apóstol Pablo cita este mandamiento. Leamos lo que él dice: 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.
6:2 Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa;
6:3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Dios llama a los hijos a honrar a sus padres por dos razones. En primer lugar, debemos honrar a nuestros padres porque es lo justo. Esta palabra significa lo que concuerda con la voluntad de Dios, lo que se debe de hacer. Significa lo que es correcto para el ser humano. La sociedad funciona mejor cuando los hijos son obedientes a sus padres. Aquel niño que se rebela contra sus padres, como adulto tendrá problemas con otras autoridades también - con sus maestros, con su patrón, con la policía.
Obedecer y honrar a nuestros padres es caminar en integridad.  Por este motivo, nos conviene. Es una fuente de bendición. Esta es la segunda razón que nos menciona Pablo. Citando el mandamiento original, él dice: Para que te vaya bien, y para que tengas larga vida sobre la tierra.
Cuando Pablo cita este verso, él lo extiende a toda persona que forma parte del Nuevo Pacto establecido en Cristo, a toda persona que sigue a Cristo por fe y la bendición aun se extiende  hasta nuestros días. Si honramos y obedecemos a nuestros padres, seremos bendecidos.
Ahora bien, quizás debemos de comentar la diferencia entre honrar y obedecer. ¿Existe alguna diferencia entre estas palabras? Bueno, honrar es un concepto más amplio que obedecer. Cuando somos niños, suelen ser casi lo mismo. Honramos a nuestros padres cuando les obedecemos, sin ser insolentes. Con la edad, sin embargo, honrar a nuestros padres llega a ser algo diferente. Salimos de la casa, formamos nuestra propia familia y tenemos vida propia. Ya no existe la misma responsabilidad de obedecer, como si aún fuéramos niños. Sin embargo, nunca se acaba la responsabilidad de honrar.
Honramos a nuestros padres  mostrándoles respeto, amor y supliendo sus necesidades cuando ellos fueren mayores. Nunca debemos de pensar que nuestros padres en edad madura son un estorbo para nosotros,  más bien Dios nos ha llamado a cuidar de ellos. Honrar a nuestros padres de cualquier edad es una fuente de bendición.
II. Dios nos llama a honrar a nuestros padres, aunque sean imperfectos. De hecho, si únicamente tuviéramos que honrar a los padres perfectos, nadie tendría esta responsabilidad. Todo padre humano es imperfecto. Todo padre y toda madre tienen defectos.  De hecho, cuando Dios dio este mandamiento, ya había muchos padres imperfectos descritos en el registro bíblico. Abraham, por ejemplo, echó fuera del hogar a su hijo Ismael. Cometió primero el error de engendrarlo con la sierva de su esposa. Luego, cuando su esposa dio a luz a Isaac y ya no era necesario tener a Ismael como heredero, Abraham obedeció la voz celosa de su esposa y corrió de la casa a Ismael y su madre, Agar. Otro ejemplo de padres imperfectos son Isaac y su esposa Sara. Isaac tenía preferencias por su hijo Esaú, mientras que Sara por Jacobo.
Quizás el mejor ejemplo es Noé. La Biblia nos dice que fue el único hombre justo que pudo hallar Dios sobre la tierra, y por este motivo fue salvado del diluvio con su familia. Sin embargo, después del diluvio, Noé no tardó en caer en error. Sembró un viñedo, cosechó las uvas e hizo vino. Se embriagó, y se quedó desnudo en su carpa. Uno de sus hijos, llamado Cam, vio la desnudez  de su padre y se burló de él.  Sus dos hermanos, en cambio, lo taparon sin mirarlo. Cuando Noé se dio cuenta de lo sucedido, pronunció una maldición sobre Cam y sobre su descendencia. Génesis 9:20-25
¿Qué nos enseña este triste suceso? Nos enseña que, aunque nuestros padres sean imperfectos y cometan errores, esto no nos libra de nuestra responsabilidad de honrarles. Esto no siempre es fácil. Quizás tuviste un padre como Noé, que se emborrachó - quizás en más de una ocasión - y trajo deshonra o sufrimiento a la familia.
La solución humana sería abandonarlo, dejarlo y olvidarte de él.  Sería tomar su falla como pretexto para deshonrarlo. Cristo, en cambio, nos ha llamado a una senda angosta. Es un camino más difícil, pero es el camino a la vida y la bendición. Es el camino del perdón, el camino de la oración, el camino de pedir bendición para quienes nos han lastimado.
III. Dios nos llama a honrar a nuestros padres, porque así le honramos a él. Dios ha puesto en este mundo estructuras de autoridad para que la sociedad humana funcione de una forma ordenada. La Biblia nos dice, por ejemplo, que las autoridades civiles han sido instituidas por Dios. La primera autoridad que conocemos es la autoridad de nuestros padres.
Es en el hogar que aprendemos - o en algunos casos, no aprendemos - a seguir instrucciones, a obedecer, a hacer lo que a veces no queremos. Si nosotros no aprendemos a obedecer a nuestros padres, el espíritu de rebeldía se extenderá por toda la sociedad. Esto es lo que vemos hoy en día. Cuando nos sometemos a las autoridades, en cambio, empezando con nuestros padres, vivimos de una forma totalmente distinta. En lugar de contribuir a la rebelión del mundo, nosotros mostramos un camino diferente. Esto es parte de ser sal y luz.
 Sigamos el modelo de Jesús como el Hijo perfecto, pues se sometió a la voluntad del Padre. ¿Recuerdas lo que dijo en el jardín de Getsemaní? Padre, si es posible, que esta copa pase de mí; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya. En esa escena se ve la sumisión del Hijo perfecto y la honra que da a su Padre. 

.Conclusión 
Cuenta la historia de un anciano que vivía con su hijo y su nuera. El hombre no siempre podía comer bien. Se le caía la comida, ensuciaba el mantel y hacía desastre. Por fin su nuera dijo: Esto no puede ser. Este hombre está interfiriendo con mi derecho de ser feliz. De ese día en adelante, el hombre comió en un rincón de la cocina, con un plato de cerámica barata. De vez en cuando lanzaba miradas tristes hacia la mesa donde comía la familia.
Un día, al viejito se le cayó el plato de cerámica. Su nuera dijo, Si eres cochino, tendrás que comer de un plato de cochino. El hijo le talló un plato de madera, y de allí comía el viejito. Resulta que, en esta familia, había un niño de unos cuatro años. Un día, el padre notó que su hijo estaba jugando con unos pedazos de madera. ¿Qué estás haciendo, hijo? - le preguntó. El hijo respondió: Estoy haciendo unos platos de madera para cuando tú y mamá sean grandes.
Desde ese día en adelante el anciano volvió a comer con su familia. Que no sea necesario para nosotros tal lección. Honra a tu padre y a tu madre, nos dice la Escritura. Aunque nos cueste, aunque el mundo se burle, mostremos a nuestros padres el honor que se merecen.

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