Levantándose de allí, se fue a la región
de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo
supiese; pero no pudo esconderse.
Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies.
La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio.
Pero
Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está
bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.
Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.
Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.
Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.
Marcos 7:24-30
Esta historia es sin duda, una gran lección de fe para todos nosotros hoy en dia.
¿Pero quién era esta mujer? Sobre esta mujer no sabemos casi nada, en el evangelio segun Marcos unicamente nos dice que
era una mujer griega y sirofenicia de nación, es decir, que era fenicia y
que hablaba griego. Por lo tanto, desde el punto de vista judío, era
una pagana, o tal como Mateo la describe, "una mujer cananea"
Otro detalle que Marcos nos proporciona es que tenía
una hija endemoniada. Ella vino a Jesús pidiéndole ayuda porque lo que
más amaba en el mundo (su hija) estaba bajo el control del diablo.
Observemos también que la mujer no estaba rogando
por sí misma, sino para conseguir una bendición a favor de su hija,
dándonos un buen ejemplo de lo que debe ser la obra de intercesión que
los padres debemos llevar a cabo por nuestros hijos. Y percibimos también su insistencia y constancia en
sus ruegos. Según Mateo, ella seguía a Jesús y sus discípulos dando
voces, lo que llegó a ser del desagrado de los discípulos Mt 15:23.
Pero esta insistencia no surgía únicamente por el dolor y la ansiedad
que sentía por el estado de su hija, sino que también manifestaba una fe
sólida en el Señor Jesús."Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos"
Pero aunque Jesús era el salvador universal, esta salvación debía producirse sobre la base de un orden riguroso: los judíos primero y después los gentiles. Pablo trató en Romanos la prioridad que concernía a Israel en el plan universal de salvación: "al judío primeramente, y también al griego" (Ro 1:16). Y Cristo, en su ministerio terrenal se limitó principalmente a ser "siervo de la circuncisión, para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres" (Ro 15:8). Y lo mismo mandó a sus discípulos cuando los envió a predicar: (Mt 10:5-6) "A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel".
Cuando consideramos estos principios establecidos por las Escrituras, podemos entender la contestación del Señor a la mujer, que si bien parecía un tanto dura, definía correctamente la posición de los gentiles frente al Reino de Dios antes de la Cruz.Como explica el apóstol Pablo a los efesios, "los gentiles estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Ef 2:12-13).
"No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos"
En un principio, la respuesta del Señor podía parecer humillante y ofensiva para cualquiera. Jesús usa una ilustración para explicar la situación a la mujer: Los "hijos", en referencia a los israelitas, eran los que estaban sentados a la mesa y tenían el privilegio de disfrutar del ministerio terrenal del Señor. Los "perrillos" eran por lo tanto los gentiles, quienes aún no habían sido admitidos a gozar de los privilegios. Por lo tanto, Jesús se estaba refiriendo a la "hijita" de esta mujer como un "perrillo". ¿No podía ser interpretado esto como algo ofensivo? Es cierto que los judíos se referían despectivamente a los gentiles como "perros". Pero Jesús usó un diminutivo, "perrillos", seguramente en sentido cariñoso. Y así lo debió entender la mujer, porque no sólo no se sintió ofendida ni desechada por ello, sino que en la forma en que se lo dijo Jesús, encontró fuerzas para seguir haciendo su petición.Su respuesta fue: "Pero aun los perrillos debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos"
Y en lugar de enojarse por las palabras de Cristo, vio en ellas una puerta abierta para volver a presentar su súplica a favor de su hija. Esta mujer suplicaba por unas migajas de pan, mientras que los judíos rechazaban el verdadero pan que había descendido del cielo (Jn 6:35-36).
En todo esto, podemos apreciar el que el Señor sacó a relucir la fe de esta mujer gentil, que contrastaba fuertemente con la maldad de los judíos, que a pesar de la luz que tenían, seguían siendo duros, rebeldes e incrédulos. Pero no sólo de los judíos rebeldes, sino también de los propios discípulos. Notemos que el Señor sigue usando el pan en sus ilustraciones, y en esta ocasión, una mujer pagana logra entender que unas migajas de ese pan pueden satisfacer plenamente todas sus necesidades espirituales. Por contraste, los discípulos, después de haber presenciado cómo el Señor multiplicaba unos pocos panes para dar de comer a una multitud de judíos, todavía no lograban entender el significado de este milagro porque sus corazones estaban endurecidos (Mr 6:52).
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